La Voz del Taxi/Junio 09 • Número 80

La seguridad vial en nuestro país es un problema de años
sin resolver; el ciudadano español convive con el número de
accidentes como algo natural, parece que a las autoridades
ya les va bien la asunción de la siniestrabilidad por parte de
la sociedad como un hecho natural; eso genera menos presión
social y, por ello, menos responsabilidad asumida.
Es evidente que el problema tiene variantes según sea el
territorio. No es lo mismo una planificación de la circulación
en vías urbanas que en interurbanas, e incluso en vías rurales.
En las vías urbanas, lo primero que las Administraciones
deben definir es la prioridad en la utilización de la
vía urbana… ¿prioridad a los peatones, a los ciclistas, a los
vehículos motorizados de dos ruedas o a los de cuatro? Es
necesario primar la movilidad a según qué tipo de usuarios
de la vía pública, y en base a esa decisión es como deben
aplicarse las medidas correspondientes.
Evidentemente, lo necesario es la pacificación del tráfico rodado
y la compatibilidad con el conjunto de usuarios de la
vía pública, decisión política que deben definir los administradores.
Una ciudad moderna debe priorizar el transporte
público sobre el privado, y eso conlleva que los buses y los
taxis, como transporte de superficie, deben ser tenidos en
cuenta ante cualquier medida que se tome respecto al tráfico
y la utilización de la vía publica.
El tráfico rodado en las vías interurbanas también debe ser
analizado desde la perspectiva de la seguridad. Los accidentes
más graves se producen en las vías interurbanas.
En ellas confluyen factores diferentes: por un lado, los puntos
negros de nuestras carreteras, la mala señalización en
algunos casos, y en otros la deficiencia en el estado de las
mismas. Si a ello añadimos la falta de experiencia de algunos
conductores, el tema de las drogas y el alcohol, las
conducciones temerarias – fundamentalmente de la juventud-
hacen que salir a la carretera signifique una aventura
cuyo desenlace final es una sorpresa. ¿Soluciones? Puede
haberlas, con voluntad política sobre todo, tomando medidas
para evitar que los conductores novatos, a quienes en
las auto-escuelas sólo les enseñan a aprobar, y no a conducir,
no pudiesen circular durante un periodo de tiempo por
las vías interurbanas, hasta tanto que su nivel de práctica de
conducción así lo determinara.
Miguel Tomás Romero
Presidente de la Confederación Europea del Taxi

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